21 jul 2008

DICE PERÓN:

El hombre no es un ser angélico y abstracto.

La historia nos indica que es imprescindiblemente necesario promover la ética individual primero, desarrollar después laconsecuente conducta social y desprender finalmente de ellas la conducta económica.

Nuestra comunidad sólo puede realizarse en la medida en que se realice cada uno de los ciudadanos que la integran.

Nuestra patria tiene todo lo necesario para que sus hijos sientan el gozo infinito de la vida.

Dios nos ha brindado riquezas incalculables.

La actividad económica debe dirigirse a finessociales y no individualistas, respondiendo a los requerimientos del hombre integrado en una comunidad y no a las apetencias personales.

Debe prevalecer una distribución socialmente justa.

Que se desenvuelva en plena libertad en un ámbito de justicia social.

Que esa justicia social esté fundada en la ley del corazón y la solidaridad del pueblo, antes que en una ley fría y exterior.

Que tal solidaridad sea asumida por todos los argentinos, sobre la base de compartir los beneficios y los sacrificios equitativamente distribuidos.

Es cristianamente inaceptable que este desarrollo se materialice a expensas de los más necesitados.

Todos deben participar en el esfuerzo, pero todos deben también gozar de los beneficios.

Si tuviera que decidirme por un factor aglutinante, optaría por la solidaridad social.

Si tanto el Estado como el sector privado, comprenden que su meta es la misma - el bienestar de toda la comunidad - la determinación de los límites de acción no puede ser conflictiva.

El primer objetivo de la empresa en una sociedad que quiere justicia social auténtica, no es simplemente el beneficio, sino el servicio al País.

El problema de las relaciones dentro de la humanidad es paradójicamente doble: algunas clases sociales -las de los países de baja tecnología en particular- sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades, pero al mismo tiempo las clases sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros tampoco están racionalmente alimentados ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana.

El mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y las esperanzas de la comunidad.

Esto arroja luz sobre el hecho de que la cooperación y la solidaridad son elementos básicos a considerar en el futuro.

Las diferencias de ideas son positivas en tanto estén abiertas a una confrontación sincera y honesta en busca de la verdad.

Asistimos, en nuestro tiempo, a un desolador proceso: la disolución progresiva de los lazos espirituales entre los hombres.

Este catastrófico fenómeno debe su propulsión a la ideología egoista e individualista, según la cual toda realización es posible sólo como desarrollo interno de una personalidad clausurada y enfrentada con otras en la lucha por el poder y el placer.

Han puesto a unos contra otros en la competencia ambiciosa y la guerra absurda.

Todo este proceso se funda en una falacia: la de creer que es posible la realización individual fuera del ámbito de la realización común.

El pueblo organizado en sociedad es el actor de las decisiones y el artífice de su propio destino.

Procura el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.

Los sectarismos no nos conducirán jamás a la liberación.

Fuente: Agrupación Oesterheld

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