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7 oct. 2011

El periodismo y los intereses nacionales Aritz Recalde, septiembre 2011

“El periodismo es quizás la más eficaz de las armas modernas que las naciones eventualmente poderosas han utilizado para dominar pacíficamente a los países más débiles (…) Su acción es casi indenunciable porque fundamentalmente opera, no a través de sus opiniones, sino mediante el diestro empleo de la información que por su misma índole no puede proporcionar una visión integral y solo transfiere aquella parte de la realidad que conviene a los intereses que representa”. Raúl Scalabrini Ortíz.[1]
“El periodista a sueldo no tiene opinión propia, no puede tenerla en un diario grande (…) No se hable en este aspecto del asunto de libertad de pensar y de coincidencia de ideales y miras. Hay un patrón que manda y un empelado que obedece”. Ramón Doll.[2]
 
Tal cual estableció Scalabrini Ortiz en el epígrafe, los representantes de las metrópolis utilizan el periodismo como un instrumento de acción política, en busca de optimizar sus intereses. En este contexto, podemos afirmar que a lo largo de la historia de las luchas políticas por nuestra liberación e independencia, existió una prensa favorable y otra contraria, a los intereses nacionales y populares  del país.
En tanto el periodismo se encuadró a favor o en contra de los intereses del país, se puede hablar de una prensa “nacional y popular” y de otra “liberal extranjerizante”. La lucha entre ambos modelos de comunicación se desenvolvió en el plano legal institucional, en el terreno de la propiedad de los medios y a partir de la organización de los contenidos.
A continuación, vamos a mencionar tres etapas en donde se configura un periodismo consustanciado con los intereses nacionales y populares.  
 
I- Pedro de Angelis contra la agresión extranjera.
“El prestigio en el exterior se consigue únicamente cediendo mayores privilegios a los comerciantes extranjeros, permitiendo que se lleven sus ganancias, contribuyendo a que éstas sean cada vez mayores, mediante la aplicación sistemática del torniquete a la clase trabajadora y la pequeña clase media”. Rogelio García Lupo[3]
 
Históricamente el liberalismo oligárquico promovió una prensa cuya funcionalidad central, fue el hostigamiento de sus adversarios políticos. En este marco, se aplicó una acción de desprestigio contra los caudillos federales y los líderes americanistas del continente. El periodismo oligárquico realizó una marcada apología del programa económico del libre cambio que fue producido y exportado por las metrópolis y que implicó la perpetuación de la dependencia estructural de nuestra economía nacional. Los intelectuales de la prensa extranjerizante, aplicaron una tarea de apropiación y reproducción de una matriz cultural europeísta, que en nombre de la “civilización”, fue utilizada para justificar la persecución y el asesinato de los pueblos y los dirigentes populares. A partir de la apropiación neocolonial de la mirada de Europa sobre la periferia, muchos periodistas combatieron a la supuesta “barbarie” y actuaron como catalizadores de los intereses ingleses y franceses en el país y en la región.
Una manifestación clara de la actitud antinacional y europeísta de la prensa liberal, se reflejó en el marco de las agresiones contra las Provincias Unidas en los años 1838 y 1845.  En el contexto de los ataques imperialistas mencionados, conducía los destinos del país Juan Manuel de Rosas, que ejerció una férrea resistencia a la prepotencia de los cañones extranjeros. En el mismo momento que las potencias querían invadir nuestro continente, ocupaban posiciones en África, Asia y el resto de América[4].
Con el objetivo de detener la invasión, la resistencia de Rosas y los sectores populares contra la agresión imperial, se dio en todos los planos. En el terreno militar, Rosas fue terminante y frente a la prepotencia del cónsul francés en el año 1838 respondió que “exigir sobre la boca del cañón privilegios que sólo pueden concederse por tratados, es a lo que este gobierno, tan insignificante como se quiera, no se someterá.[5] La férrea resistencia nacional contra las ocupaciones de 1838 o 1845, escribieron una página de oro de la historia de las luchas anticolonialistas del tercer mundo. La voluntad nacionalista quedó marcada para la generaciones venideras en las acciones patrióticas de las batallas de la Vuelta de Obligado, Tonelero, San Lorenzo o Quebracho.
Además de la acción militar, la lucha anticolonial conducida por Rosas, se ejerció a partir de la diplomacia que actuó bajo la pluma de dirigentes de la talla de Manuel Moreno en Europa o de Tomas Guido en Río de Janeiro[6].
Conjuntamente y cuestión que toca este artículo, en el plano cultural y de la prensa, se inició una ofensiva sin cuartel contra las operaciones de los extranjeros y sus aliados internos. Con esta finalidad, Juan Manuel sostuvo el Archivo Americano y Espíritu de la Prensa en el Mundo que fue publicado entre los años 1843 y 1851. El periódico tenía como editor responsable a Pedro De Angelis y fue publicado en español, inglés y francés. Su distribución era gratuita y alcanzó a los representantes de diferentes gobiernos y figuras del país y el extranjero. A partir del Archivo Americano, Rosas pudo llevar las opiniones y las acciones de nuestro gobierno a diversos lugares de Europa y América, rompiendo el cerco informativo impuesto por el imperialismo y los unitarios.
 
La tarea de Pedro de Angelis y el Archivo Americano, permitió al gobierno:
1-       Refutar las operaciones de prensa unitaria de fuerte contenido golpista contra el gobierno de Rosas. Pedro de Angelis estableció “Pero los espíritus turbulentos se apoderaron de la prensa, vaciaron las elecciones, invadieron la tribuna, y abusando de las garantías con que ampara a todos el orden constitucional, conspiraron en secreto para derribarlo” (Archivo americano N 3, 30 de junio de 1843). Más adelante sostiene “Y el Nacional de Montevideo, órgano inmundo de la facción rebelde a que se ha asociado el Comandante Naval Británico (…) ellos hacen la guerra a la Confederación con su dinero o de otro modo (…) Pero los Argentinos y Orientales, después de treinta y cuatro años de sacrificios gloriosos por la libertad, jamás cederán a la fuerza sino a la razón. Y se hundirán en su propia ruina y en la de sus enemigos, antes que consentir en la pérdida de su independencia, honor y libertad” (Archivo americano N 6, 31 de agosto de 1843)[7].
Al referirse al Dogma Socialista escrito por Esteban Echeverría, estableció “Echa de menos en ellos una calidad que exigen los salvajes Unitarios para tomar parte en su figurado “movimiento intelectual en el Plata”, la de someterse a las influencias extranjeras, que es en lo que estriba el dogma de aquellos degradados traidores. Los que sirven a las órdenes de Thiebaut, los que combaten al lado de Garibaldi, los que desean el triunfo de los invasores, y que se afligen por las glorias nacionales, son “los hombres honorables”, ¡cuyo destino envidia el Socialista!”.[8]  
 
2-       Cuestionar y denunciar, a partir del excelente manejo de Pedro de Angelis del derecho internacional, la acción expansionista europea. Está tarea se pudo realizar a partir de la traducción en tres idiomas del Archivo Americano y de su distribución en diversos lugares de América y Europa. Con dicha finalidad, Pedro de Angelis sostuvo: “El Gobierno argentino, pues, no puede ni debe conceder a los súbditos británicos y franceses una ventaja de que no gozan en su propio país. La pretensión del Comandante naval británico exige un acto contrario al derecho de la guerra y de la neutralidad, y a los principios que reconocen todos los gobiernos; una prerrogativa, en fin, inaudita y sin ejemplo. Pero no sólo lo exige, sino que lo sostiene, no con la razón, de lo que dista tanto, sino con los cañones” (Archivo americano N 6, 31 de agosto de 1843).[9]
 
3-       Rebatir la acción de la prensa del país financiada por el extranjero. Sobre el particular, Pedro de Angelis estableció una acalorada discusión con José Ribera Indarte, editor del Nacional y defensor de la agresión europea al país. En sus palabras “El editor del Nacional de Montevideo pregunta si tiene algo de deshonroso el llamar a los extranjeros para que tomen parte en nuestras disensiones. Y, por supuesto, se decide por la negativa, esto es, que el que lo hace sea declarado patriota benemérito en grado heroico” (Archivo americano N 3, 30 de junio de 1843).[10]
 
4-       Hacer conocer las acciones y medidas implementadas por Rosas.
 
5-       Afianzar la cultura nacional frente a la campaña de la prensa oligárquica, divulgadora del neocolonialismo y los supuestos beneficios de la “civilización”. Una de las acciones importantes del Archivo Americano, se centró en la crítica a los intentos de aplicar los modelos de sociedad copiados del extranjero e inaplicables en el país. En este sentido, es que sostuvo “Pero hemos probado que toda la ciencia gubernativa el Sr. Rivadavia consistía en estas aberraciones del sentido común, el más ordinario, y que estas ilusiones lo acompañaban en todos sus actos, y no le permitían considerar las cosas bajo su verdadero aspecto; y de tal modo que la historia de su administración no es más que una serie continua de disparates y desaciertos” (Archivo americano N 7, 30 de septiembre de 1843).[11] El autor se refirió al Dogma Socialista y a Esteban Echeverría de la siguiente manera: “Si le fuese posible salir de su paroxismo revolucionario, conocería entonces cuán extravagante era la idea de regenerar un pueblo con unos pocos jóvenes, sin crédito, sin relaciones, sin recursos, a quienes “uno miraba con desconfianza, y otros con menosprecio”: comprendería todo cuanto había de ridículo en querer convertir a los Argentinos en una sociedad de santsimonianos; en someterse a una república, fundada en los principios generales de la organización moderna de los estados, a los delirios de Fourier y de Considérant (…) Éstos y otros antilogismos nos hacen mirar al Dogma socialista como el parto de un cerebro trastornado.[12]
 
6-       Defender la unidad y la integridad territorial de las Provincias Unidas.
 
Además de su prolífera actividad en el Archivo Americano, Pedro de Angelis nos legó la Colección de Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna del Río de la Plata. Los Documentos fueron uno de los primeros intentos sistemáticos de recopilar los papeles públicos y oficiaron como un instrumento para poder establecer los derechos territoriales del país.
En este contexto, un grupo de intelectuales y periodistas del país, se aliaron al extranjero conjuntamente a los unitarios porteños y favorecieron la ocupación militar de nuestro suelo por parte de los imperios europeos. Entre sus órganos más representativos y tal cual denunció de Angelis, se destacaron El Nacional de Montevideo (Rivera Indarte), El Comercio de Montevideo (Florencio Varela), el Mercurio de Valparaíso (Alberdi) y la Crónica de Santiago (Sarmiento). La posición favorable al imperialismo de algunos dirigentes, le permitió decir a San Martín en carta a Rosas del 10 de julio de 1839 “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufriríamos en tiempos de dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”. Más adelante y en referencia a la batalla de Obligado, San Martín le escribió a Rosas “los interventores había visto por este échantillon que los Argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir, y cumplir con el deber de los hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos prepare el destino, que por mi íntima convicción no sería un momento dudoso en nuestro favor, si todos los Argentinos se persuaden del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones Europeas triunfan en esta contienda, que, en mi opinión, es de tanta trascendencia como la nuestra emancipación de la España”.
Luego de la batalla de Caseros, la prensa fue tornándose poco a poco, como un instrumento político en manos de la oligarquía porteña y los intereses británicos en el Río de la Plata. La mención de la Constitución del año 1853 sobre la libertad de prensa, ofició como mera declamación de buenas intenciones. La realidad y más allá de la supuesta libertad, fue la tendencia cada vez más marcada, al control de la prensa por parte de los grupos de la oligarquía. Dichos factores de poder, utilizaron el periodismo para favorecer sus intereses y reforzar la dependencia del país. 
Como complemento, el texto constitucional de 1853 introdujo la “igualdad de los extranjeros” y con ello favoreció la apropiación de nuestros recursos y nuestra cultura, por parte de las naciones agresoras de 1838 y 1845. Bajo la tiranía cultural, política y militar unitaria, los periodistas como Pedro de Angelis, José Hernández u Olegario Andrade, fueron perseguidos o silenciados.
 II- El peronismo y el nacionalismo popular en la prensa.
“Hoy no hay quien no utilice la publicidad para fines propagandísticos con resultados variables. Pero los imperialismos se sustentan en algo más serio que la simple publicidad. A ellos no les es suficiente publicar un aviso para vender su artículo, sino que deben imponerlo a toda costa, y para eso no es suficiente avisar. Por eso los Estados han creado todo un servicio publicitario, disfrazado con diversos nombres o siglas”. Juan Perón[13]
 
La Ley de Servicios de Radiodifusión 14.241 de 1953
“La organización y el régimen de prestación de los servicios de radiodifusión se basará en el principio de la subordinación del interés particular, al interés social, cultural, económico y político de la Nación”. Artículo 5° de la Ley de Servicios de Radiodifusión 14.241 de 1953.
 
La noción de la prensa liberal extranjerizante, fue impuesta por décadas como resultado del triunfo de las guerras civiles en manos de la oligarquía y el imperialismo. Frente a la hegemonía del liberalismo oligárquico, la Argentina tuvo que esperar 100 años para tener una ley que regule el periodismo con el objetivo de ponerlo al servicio de los intereses nacionales. 
En pleno siglo XX, le toco al peronismo modificar la arquitectura cultural neocolonial heredada desde Caseros y Pavón. Con dicha finalidad, el Segundo Plan Quinquenal del año 1952 mencionó cuáles eran los objetivos generales a cumplir por el Servicio Nacional de Radiodifusión:   
XXVI. G. 4:
El Servicio Nacional de radiodifusión, conducido por el Estado, será extendido a toda la Nación como expresión de la soberanía del país, en orden a la seguridad y la defensa nacional y para elevar la cultura general de la población mediante:
a-       La extensión adecuada de la red oficial de radiodifusión;
b-      La instalación de radioemisoras privadas que autorice con asistencia técnica y crediticia del Estado;
c-       La orientación adecuada de las transmisiones internacionales especiales del organismo estatal específico, a fin de hacer conocer la vida y cultura del pueblo argentino, sus realizaciones como aporte a la cultura universal y su doctrina nacional.
 
En este marco, la revolución nacionalista inaugurada en 1943 debió refundar el sistema de telecomunicaciones, para darle voz a las organizaciones libres del pueblo. Con dicha finalidad, el Estado constituyó el sistema de medios públicos creando Canal 7 o ampliando la cobertura de Radio Nacional a distintos lugares del país. Además y con el objetivo de contrarrestar la publicidad que hacen los Estados que menciona Perón en el epígrafe, el gobierno promovió la apertura de la agencia de noticias TELAM.
La Ley de Servicios de Radiodifusión 14.241 de 1953, subordinaba el “interés particular, al interés social, cultural, económico y político de la Nación”. Con dicho objetivo, limitaba la adquisición de los medios de radiodifusión por parte del extranjero, promovía la reproducción de la cultura nacional y organizaba el servicio oficial de radiodifusión, entre otras cuestiones elementales para democratizar el sistema.
 
El golpe de Estado del año 1955 derogó la ley de radiodifusión de 1953  y censuró a los periodistas afines al sistema democrático. A partir de allí, el gobierno militar inició el proceso de trasferencia de la propiedad de los medios de comunicación a los representantes de la oligarquía y el capital concentrado, en estrecha alianza con el capital extranjero norteamericano.  A partir de la dictadura de 1955, se fueron consolidando las características centrales del sistema de medios de comunicación legado a la democracia de 1983, caracterizado por la concentración, la falta de regulación y la extranjerización de la propiedad y los contenidos. 
Derogada la ley de 1953, se produjo un vacío normativo. Posteriormente, la dictadura de 1976 sancionó la ley 22.285 de 1980. La norma del gobierno de facto estableció entre sus fines, la preservación de la “moral cristiana”, la promoción de la “seguridad nacional” o la prohibición del “partidismo político”. La ley creaba el Comité Federal de Radiodifusión que tenía participación de los representantes de las fuerzas armadas, de los licenciatarios privados y de la Secretaría de Inteligencia del Estado, entre otros.
En este contexto, los militares asesinaron periodistas y fueron cómplices y participes en la entrega de los medios o las empresas vinculadas, a los grupos concentrados. El asesinato de Rodolfo Walsh y el caso Papel Prensa, fueron claramente sugestivos del tipo de comunicación y periodismo que se promovió con la asonada castrense. Como en el año 1955, pero ahora con una violencia pocas veces vista en la historia del país, se silenciaron a las organizaciones libres del pueblo y se pactó para ello, con algunas corporaciones mediáticas como Clarín o La Nación.
El objetivo de las acciones de la dictadura, era institucionalizar el modelo de la prensa liberal extranjerizante, retrotrayendo el país a un estadio pre peronista.
 III- Pluralidad de voces en la comunicación argentina: La ley de Servicios de Comunicación audiovisual 26.522 de 2009
“Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977.[14]
 
Siguiendo la tradición democrática y popular que Juan Perón inició en el año 1953, Cristina Fernández de Kirchner promovió la sanción de una nueva ley de comunicaciones en 2009. La propuesta busca democratizar la comunicación frente a un sistema de medios oligopólico, extranjerizado y con una lógica de funcionamiento meramente comercial.
De manera similar al texto aprobado en 1953, la norma se plantea como un objetivo central la “pluralidad de voces”, generando la igualdad real de posibilidades de emitir a todos los miembros de la comunidad sin distinción social alguno. Dicho punto de partida, contradice los supuestos básicos del liberalismo extranjerizante, que favoreció en nombre de la “libertad de prensa”, a los oligopolios concentrados y al capital extranjero.
Con este objetivo, la ley 26.522 reconoce que pueden ser licenciatarios de medios de comunicación, el Estado, el sector privado con fines de lucro y el sector privado sin fines de lucro. La ley hace énfasis en la necesidad de promover a los actores de la comunicación no comerciales, tanto privados y públicos. El texto y de manera similar al de 1953, establece limites para la formación de monopolios en la comunicación y promueve la producción y divulgación de contenidos nacionales.
La ley creó nuevos organismos de aplicación con participación plural y democrática de los diferentes actores que intervienen en la radiodifusión, como es el caso de los miembros de los gobiernos provinciales, los distintos prestadores de servicios, las universidades o los representantes de los trabajadores.
 
La ley es acompañada de una gestión de calidad en los medios públicos, como pocas veces ocurrió en nuestra historia. La promoción de una televisión con contenidos culturales y educativos como es el caso de ENCUENTRO, Canal 7 o Radio Nacional, se complementan con otras medidas como la democratización del derecho a ver deporte por televisión abierta. A estas acciones, se le suma la implementación de la televisión digital, que en breve y cuando se nacionalice la cobertura, va a ser uno de los sucesos culturales más importantes de las últimas décadas.


[1] Raúl Scalabrini Ortiz, “En un país empobrecido los grandes diarios son órganos de dominio colonialista”, Revista Qué N° 151, octubre de 1957. Extraído de Forjando una nación, Buenos Aires, 2007. P 354.
[2] Doll Ramón, Acerca de una política nacional, Ed. Biblioteca del pensamiento nacionalista argentino, Buenos Aires, 1975. P 32.
[3]  Rogelio García Lupo, Contra la ocupación extranjera, efece editor, Buenos Aires, 1975. P 169.
[4]“Los unitarios exiliados, los de armas tomar, parecían convencidos, de buena o mala fe, de las proclamadas intenciones humanitarias y civilizadoras de Francia, la temible potencia que, antes o después del bloqueo a la Argentina, se apoderaría por la fuerza de Argelia, Costa de Marfil, Guinea, Camboya, Somalia, Cochinchina, Túnez, Sudán, Congo, Madagascar, Marruecos, Siria y Líbano. No obstante, representaba para ellos la cultura deseable, la otra cara de la barbarie de los gauchos a quienes despreciaban”. Pacho O´Donell, El Combate de la Vuelta de Obligado, Norma, Buenos Aires. P 52.
[5] Op. Cit.  P 21.
[6] José Luis Muñoz Azpiri, Rosas Frente al Imperio Británico, TEHORIA, Buenos Aires, 1974.
[7] Pedro de Angelis,  Archivo Americano y espíritu de la prensa en el mundo”. Primera serie 1843-1847. Ed. Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2009. P 44.
[8] Op. Cit. P 423.
[9] Op. Cit. P 88
[10] Op. Cit. P 53.
[11] Op. Cit.  P 96.
[12] Op. Cit. Pp  423 y 432.
[13] Juan Perón, Política y Estrategia. No ataco, crítico. “ La Publicidad ” “ La Opinión Pública ”. 03-1951. Ed. Pleamar, Buenos Aires, 1983. Pp 27 y 28.
[14] Rodolfo Walsh, “Carta abierta a la Junta Militar, extraído de El violento oficio de escribir, Ediciones de La Flor, Buenos Aires,  2007.

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