Traición es un delito cometido contra la fidelidad o lealtad que se tiene grave obligación de guardar o tener.
Deslealtad es, simplemente, falta de lealtad, es perder la calidad de leal. Es dejar de ser fiel a los compromisos asumidos.
Felonía indica deslealtad y traición. Perfidia es traición a la fe debida. Prevaricación es faltar intencionadamente a la obligación debida a la autoridad. Infidelidad es la falta de fidelidad, la falta de la lealtad que uno debe a otro. Alevosía es la cautela que toma quien quiere cometer una traición.
Vil es un adjetivo calificativo que resume todo lo malo y despreciable que puede haber en un ser humano y en las acciones por éste cometidas. El vil alevoso es el que procede con traición y con perfidia. El vil bellaco es ruin y malo pero de aspecto astuto y sagaz.
El vil es siempre un ser despreciable. Y es infame cuando sus acciones son indignas y vergonzosas.
Ser vil implica también ser cobarde, carente de valor, que opera con aviesa intensión.
Julio César Cleto Cobos se ha ganado, por méritos propios, el poder ser incluido dentro de todas estas definiciones que acabo de señalar y posiblemente merezca más de igual talante.
No es la primera vez que discuto la utilización del término derrota. Varias veces he manifestado que se pueden perder batallas pero de ninguna manera ello significa que se pierda la guerra. Derrota es acción y efecto de derrotar o ser derrotado, y derrotar es vencer y hacer huir en desorden al vencido, sea en una discusión, en una pelea o en una campaña.
Cuanto nos costó recuperarnos de la derrota sufrida en los años 70 recitan muchos compañeros sin observar que si realmente nos hubiesen derrotados hoy no tendríamos la Latinoamérica donde ya no hay una isla aislada y solitaria, donde a Cuba se le suma Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Brasil, Paraguay, y no hay que tener miedo en nombrar también a Argentina, a nuestro querido país. Si derrotados hubiésemos sido esta realidad sería sólo una fantasía. Y por no ser una fantasía, por ser una realidad, es que la derecha fascista se agrupa, convoca a toda la oposición al necesario cambio que puede permitir tener un país más justo para impedir que sus privilegios sean tocados. A la izquierda funcional la derecha no las convoca, no necesita convocarla porque saben que esa izquierda funcional va sola a apoyarlos.
Una enorme derrota del gobierno (o de los Kirchner) titulan los medios de la oligarquía cuyo vergonzoso pero lógico papel ha sido en mentir, desinformar y deformar la realidad. Observemos brevemente cual ha sido el triunfo de los sectores oligárquicos y rentistas, y lo que es más importante, cómo se ha conseguido ese supuesto “triunfo”. Su base más importante se encuentra en dos pilares: uno es el de la ambición desmedida, que los lleva a pelear por quedarse con lo que no les corresponden, el otro es la traición.
Un supuesto “triunfo” logrado en base a traidores de distintos cuños. Bases del éxito. La traición de los dirigentes de la Federación Agraria Argentina a su historia y a su gente, los verdaderos arrendatarios. La traición de algunos diputados y senadores del partido gobernante que deberían respetar la voluntad popular, por los que fueron elegidos, pero donde privó el interés personal como pasó con el sojero Reutermann o el aceitero Urquía, donde el verde (verde soja, verde dólar) que el celeste y blanco. Deberían haber votado a favor o, al menos, abstenerse ya que tenían directo interés económico en el asunto. Vilma Ripoll por no ser senadora no pudo traicionar directamente, es solo una traidora potencial y quizá lo siga siendo toda su vida. Pero quizá la traición mayor, de antología, insólita aunque no inesperada está en el nefasto papel jugado por el vicepresidente de la nación que vota en contra de las retenciones que, por ser el vicepresidente de la nación debería haber apoyado “su” proyecto. El canalla superó todo lo previsto dejando muy atrás a los grondonas, a los menens, a los barrionuevos, a los alfreditos y hasta el conspirador mayor, el Eduardo.
LA BANELCO SOJERA
Cuando a las tres de la madrugada las cámaras enfocaban el rostro de piedra de Julio César Cleto Cobos cualquier observador atento podía deducir lo que podría pasar si era él el que debía desempatar.
Surgía con claridad el rostro de una persona que había decidido traicionar a su propio gobierno dejando, quizá, un precedente histórico como muy pocos deben existir en el mundo.
No son pocos los vicepresidentes o ministros que alguna vez se enfrentaron con sus presidentes, pero en general, antes de hacerlo, renunciaron y no entorpecieron sus gestiones.
Renunciaron para oponerse de frente y no utilizando la misma estructura del gobierno para sabotearlo ni robarle, como en este caso, el voto decisivo.
El gobierno, un gobierno que ha producido cambios fundamentales en nuestro país, los más importantes de los últimos años, al contar en sus propias filas con un personaje como Cobos incrementa su fragilidad, en particular por esas aspiraciones no disimuladas de este mediocre personaje, que derivan de la posibilidad, ahora más real para él, de convertirse en “presidenciable” (o en presidente) para la oligarquía y los rentistas. Presidenciable un traidor, digno continuador de la nueva “banelco”, de la banelco de la soja y de su maestro de la Rúa.
Esta es la fragilidad de una democracia que legitima actitudes de esa clase de individuos que operan desde adentro del propio gobierno para destruirlo, para desestabilizarlo a la vez que muestra su cara falsa de hombre compungido, de hombre preocupado, de político que está tomando una decisión histórica, cuando en realidad está minando el programa distributivo a favor de la oligarquía y los grandes capitales especulativos y parasitarios que a su alrededor se mueven.
No los “derrotan” al gobierno ni los alfreditos, ni los cacerolazos, ni los menens, ni los carrió, ni los duhaldes, ni los ripolls. Al gobierno lo acorrala haber tenido el mal tino de colocar, nada menos que en el cargo de vicepresidente a un sinvergüenza, mediocre y cobarde, que hace de la traición su forma de ejercer la política, que hace de la traición la forma de desconocer la voluntad popular que lo colocó, graciosa y gratuitamente en ese cargo que no supo honrar, ni sabrá honrar si es que tiene la desfachatez de continuar como vergonzosamente ha manifestado. Son, quizá, los defectos de una democracia representativa formal, que permite a estos individuos no respetar el voto popular por el que fue elegido y continuar como si nada hubiese pasado.
Es cierto lo que este traidor dice: la historia lo juzgará. Sin duda lo juzgará, pero sería positivo, para esa misma historia, que los más de 1.300 intelectuales que firmaron las cartas, contribuyan a ella, cada uno con una nota u opinión, corta o larga, a dejar bien en claro, para esa necesaria historia, para las generaciones futuras, quién es este gris personaje de corto apellido y qué es la traición.
No podemos dejar, aunque sea sólo un día, que los valores éticos sean tan transfigurados, que la traición sea considerada una virtud, que la deslealtad se la considere “civismo”, que la avaricia y el individualismo reemplace a la solidaridad y a lo social, que la mentira se imponga sobre la verdad.
Tomo las palabras del compañero Demetrio: “rabiosos, sí... consternados nunca”
Para poder “ganar”, los oligarcas y rentistas, necesitaron recurrir a todo su arsenal: a los grandes medios y cadenas de comunicación, a toda la oposición mamarracha, unida como jamás se la vio, desde la derecha fascista hasta la izquierda payacezca, y a los traidores internos. Y aún así necesitaron de un gran traidor, bautizado como el emperador Julio César pues les falló la intuición, deberían haberles puesto Lucio Domicio Nerón.
Rabioso sí, y más dispuesto que nunca a dar NI UN PASO ATRÁS.
Oscar Natalichio
Secretario de Extensión Universitaria
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo
Jueves 17 de julio de 2008. 8.30 horas




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