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10 dic. 2009

Nueva semana del juicio de Campo de Mayo

http://168horas.com.ar/imagenes/logo_vinc.jpg Sociedad (168 Horas – jueves 10 de diciembre de 2009) Estos son los destacados de la semana que pasó en el juicio de Campo de Mayo. Las audiencias siguen esta semana y hasta el 17 de diciembre.

El martes 1 de diciembre comenzó con la declaración del Sr. Quintella, hermano de Silvia Quintella, militante de la JP, embarazada al momento de ser secuestrada. Relata que buscando a su hermana, gente que él supone del ejército, allanan la casa de su madre estando presente ella y él, y que ambos fueron maltratados a los golpes. Luego se escuchó el testimonio de la pareja de Quintella, Abel Madariaga. El Sr. Madariaga relata que llevó a su mujer a una cita en el barrio de Florida, y se retiró a realizar unas diligencias. Al volver a buscar a su mujer, observa unos Falcon, en uno se llevaban a Silvia y en el otro auto distingue a otra compañera de nombre Yoli (Marta Eiroa). Sabe, por el testimonio que aportó Scarpati, que su compañera tuvo un varón en Campo de Mayo, y que Yoli y otros compañeros la ayudaron en el parto y a recuperarse. Todos estos compañeros permanecen desaparecidos, de su hijo no sabe nada.

Fue leída la declaración de Cacho Scarpati, hecha oportunamente, ya que falleció en el año 2008.

El miércoles 3 se escuchó la declaración de la Sra. Norma Paula Hernández que narra que en la noche del 22 de abril de 1977 estaba en su casa mirando TV, cuando se produce un operativo, escuchó golpes y disparos, quedando la vivienda llena de tiros y los habitantes de la casa aterrados. Allí vivían Marcela (María Elida Morales Miy) y su esposo Alfredo (Luís Fernández Martínez Novillo), los apellidos no los recuerda, con sus hijas Jimena y María. Las nenas le fueron entregadas a una vecina, Dina Fontana que las retuvo unos días. No volvió a ver a ningún miembro de esa familia. Dice que la casa quedó vacía unos años y que en la actualidad la ocupa la familia Vázquez, un cabo de policía.

A continuación se escuchó el testimonio de Jimena Vallejos Morales Miy, quien relata el operativo que se produce en su casa de Escobar, en horas de la noche, mientras estaba con Luís Fernández Martínez Novillo (Lucho) padre de su hermana de un año y medio y a quien ella llamaba papá. Tenía en ese entonces 4 años. El padre la encierra en un placard, y luego en un baño, para protegerla del intenso tiroteo que se produce. Es retirada del lugar por la policía, e introducida en un auto donde estaba su mamá María Elida Morales Miy, y su hermanita. Desde allí vio como fusilaban a su papá: las menores son dejadas con la vecina Dina y luego pasan a vivir con su abuela materna en Salta. Supo que su mamá fue detenida en la estación de Escobar con su hermana y que luego del operativo en su casa, es llevada a Campo de Mayo. A partir de un mensaje dado por Maria Elida a su primo Gracian Leborburu, la abuela supo donde buscar a las menores.

Cuando esta viene a Buenos Aires a buscarlas, es allanada la casa del familiar donde estaba alojada, un ex militar de apellido Carponi. La abuela es secuestrada, careada con su hija y liberada. Con la orden de un juez logra recuperar a sus nietas.

Por el testimonio de Scarpati y otra sobreviviente, supo que su madre probablemente estuvo viva hasta septiembre del ’77 y que luego es llevada en un vuelo de la muerte

María Angélica Martínez Morales Miy, la otra hija de María Elida, dada lo pequeña que era al momento en que es secuestrada con su madre, lo que declara es la reconstrucción de los hechos a partir de los testimonios de su abuela materna, que acaba de fallecer, de su hermana mayor y de su tía Alejandra.

Siguió la declaración de Félix Plinio González, médico, hermano menor de Elida Julia González Miy, y tío de la desaparecida. Es a través de su hermana que conoce la de la desaparición de su sobrina. En diciembre del año ’76, su hermana fue secuestrada en la ciudad de Salta unos días, obligada a dejar la profesión de escribana pues le dieron de baja el registro. En el ´77 se produce el secuestro de Maria Elida y los avatares para recuperar a sus hijas. Manifiesta que su hermana y su cuñado tenían una relación con Carponi, oficial aeronáutico y otro vice comodoro de apellido Valado, con los cuales había alguna relación indirecta familiar, y que a través de ellos consiguen rescatar a las nenas.

José Gracian Leborburu González, sobreviviente del CCD de Campo de Mayo, dice que en abril de 1977 su prima María Elida llama a John Arrozarena. John era un amigo de la infancia, que con los años también traba relación con ella y posteriormente conocen a otras personas vinculadas con la política entre ellos Carlos Valladares. Ellos, junto a otros jóvenes, frecuentaban el centro vasco ubicado en Belgrano casi Lima

Este testigo relata que John recibe una llamada de Maria Elida, donde pasa una cita a la que debía acudir Carlos Valladares, si él no se comunicaba que lo hiciera José Gracian. Como nada supieron de Valladares, a la cita en la plaza de Salguero y Güemes concurre su primo. Estando allí lo rodean, lo tiran al piso, lo sujetan, cortan la calle lo suben a un auto. Allí su prima le dice que habían matado a su pareja (Lucho), que estaban buscando a Valladares, que no sabia donde estaban sus hijas y que le avise a su madre. El Sr. Leborburu, por temor, se va de Buenos Aires unos días; cuando vuelve, y a partir de informaciones que Carponi había recibido de un familiar suyo destinado a Campo de Mayo, este le dice que garantizan su vida pero que debía presentarse allí. La familia decide que lo haga y lo acompañan su padre, Carponi y otro militar llamado Zeus amigo de Carponi. En puerta cuatro un vehículo lo lleva a él sólo hacia el interior. Permaneció secuestrado varios días, golpeado, torturado: se le pedía información acerca de donde encontrar a Valladares. Pasó días sin comer, a veces sin ser llevado al baño, encadenado. El dijo que sabía que el centro vasco era el lugar de encuentro. En esos días escuchó la voz de su prima Maria Elida. Dentro del predio fue trasladado por distintos espacios. Manifiesta que por los comentarios que escuchó en uno de ellos, considera que debían mover cadáveres. Finalmente fue liberado en San Miguel.

El jueves 3 de diciembre comenzó con la declaración de Jorge Tato, hermano de Norma Tato, secuestrada junto a su pareja Jorge Casariego, el 14 de abril de 1977. Ambos eran trabajadores de laboratorios Squibb. Son secuestrados de su departamento en la zona de Palermo, delante de los hijos de Norma, el mayor de los cuales tenia 8 años. Los niños son dejados en la casa de un vecino de donde son retirados por el padre. Al momento del secuestro Norma estaba embarazada de 4 o 5 meses. Fueron vistos en Campo de Mayo. El niño nació y fue ubicado por las Abuelas de Plaza de Mayo en poder del médico militar, Norberto Bianco.

El siguiente testimonio fue el de la Sra. Marta Plaza, que conoció a Casariego durante su niñez, y luego compartió con él la práctica política en la Juventud Peronista. Plaza era familiar de Rosa María Casariego, primera esposa de Jorge, asesinada en febrero de 1976, junto a Luis Cabrera (su compañero) y Echeverría, ambos trabajadores navales.

Se exilia en 1977, volviendo al año siguiente. Al retornar se entera de la desaparición de José Luis y Jorge Carlos Casariego. El padre de Jorge le manifiesta que lo había llamado un oficial del ejército de Campo de Mayo, pidiendo una suma importante de dinero para dejarlo en libertad. Benigna Casariego, tía de Jorge vendió un departamento para abonar lo solicitado. Supo que el padre y hermano menor fueron a Campo de Mayo, se entrevistaron con Bianco. A posteriori recibieron una llamada telefónica diciendo que Jorge estaba libre viviendo en Rincón de Milberg, y que no se acercaba por seguridad. Su madre murió esperando su regreso. Por testimonios supo que Jorge fue muy torturado, visto con las piernas llagadas e hinchadas, tirado en el piso y que apenas podía hablar.

Teresita Viviana Beguán, relata que en septiembre de 1977, estando presa en Villa Devoto, se entera por la visita de otra presa que sus padres Emilio y Dolores Beguán habían sido secuestrados en mayo de ese año. Sus padres se habían trasladado de la ciudad de Córdoba a Bs. As. para poder estar cerca de su hija detenida desde 1975. Compran una casa en Avellaneda, a la que también van vivir con el tiempo Armando Imas, Alejandra Renou y las menores Lucila, Patricia y Manuela Puyol. Por las severas condiciones represivas dentro de la cárcel, la Sra. Beguán pudo comenzar a realizar gestiones por su familia, al salir en libertad en febrero de 1983, con el acompañamiento del Dr. Luis Zamora del CELS. Su trabajo en APDH y CONADEP, le permitieron tomar contacto con testimonios de sobrevivientes y realizar la reconstrucción de lo sucedido, también hizo una importante búsqueda en los diarios de la época. Fundamental resultó el testimonio de Cacho Scarpati, que vio a la pareja en Campo de Mayo, pudo reconocerlos por fotos y contó cómo eran sometidos a tortura entre ellas una conocida como “salta Violeta”, practicada a niños, enfermos y ancianos, que consistía en tirarlos para un lado y para otro, con los ojos vendados, golpeándolos contra paredes, piso. Otra información importante fue dada por las hermanas Puyol, con cuya ayuda llegó hasta la casa de Avellaneda. Allí encontró el documento de su madre, la casa revuelta y todo robado. Los vecinos también le contaron del operativo que termina con el secuestro de sus padres, con móviles del Ejército y de la Policía Bonaerense.

Lucila Puyol, con su madre detenida desde 1975, y su padre desaparecido en diciembre de 1976, se traslada hasta Buenos Aires con sus dos hermanas Patricia y Manuela y la compañera del padre, Alejandra Renou. Comienzan a vivir con el matrimonio Beguán a quienes llamaban abuelos. El relato de lo vivido resultó sumamente conmovedor. A comienzos de mayo un día ya no vuelve Armando Imas, luego desaparece Alejandra, y a los pocos días una noche se produce el operativo donde las fuerzas de seguridad secuestran a los Beguán, llevándoselos de la casa. Las niñas descubren la verdad a la mañana al levantarse, cuando encuentran la casa revuelta y todo roto. Durante unos días una permanece en la casa y las otras dos concurren a la escuela de manera alternativa, deciden luego quedarse las tres, acomodan toda la casa, duermen juntas en la cama del matrimonio Beguán. Al cabo de unos días retornan los militares y civiles, y vuelven a romper todo, las interrogan. Una vecina las ayuda a llamar a sus abuelos a Santa Fe, que entonces viene a buscarlas. Años después, a partir del contacto con Viviana Beguán, vuelven a la casa de Avellaneda y ya no encuentran ninguno de los objetos personales que habían dejado
Los militares les dicen a las hermanas Puyol: “las dejamos vivas para que cuenten de lo que somos capaces”.
En referencia a los imputados de este juicio dice Viviana Beguán “acá falta gente, falta mucha gente. La inteligencia militar fue la columna vertebral de la represión”.

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