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11 may. 2011

Casi indefectiblemente en todo acto electoral aparecen candidatos que provienen de la actividad empresarial privada. Hombres que habiéndose dedicado a sus negocios deciden incurrir en el manejo de la cosa pública. Claves y diferencias.

Política y empresa

Por Silvia Torres
Desde la apertura democrática de 1983 hasta hoy, en todo acto comicial hubo presencia de candidatos provenientes del sector empresario, es decir, hombres –casi nunca mujeres-, que habiéndose desempeñado al frente de sus empresas comerciales, industriales, etc. deciden incursionar en la política.
El devenir histórico y la experiencia nos indica que no es lo mismo una cosa que la otra, se ponen a prueba habilidades diferentes y existen reglas no siempre muy bien explicitadas que le permiten a una persona tener éxito en la actividad privada y no en la conducción política.
En este sentido viene a cuento recordar las palabras de uno de los más grandes líderes políticos de la historia argentina, Juan Domingo Perón, quien manifestó que la conducción política “es un arte y los artistas no se forman, desgraciadamente, en las escuelas. Las escuelas dan técnicos, pero no artistas”* y que la política exigía algo así como un “fuego sagrado”, similar al que toca a los artistas y a los genios.
Sin embargo, en su obsesión por la formación de cuadros políticos que pudieran transmitir, enriquecer y hacer perdurar la doctrina peronista, consideraba imperioso crear escuelas con ese objetivo y aclaraba: “…Nosotros no decimos que puede ser función de la Escuela el formar conductores, porque los conductores no se hacen. Desgraciadamente, los conductores nacen (…) El que nace con el suficiente óleo sagrado de Samuel, no necesita mucho para conducir; pero el que no nace con él, puede llegar a la misma altura por el trabajo (…) por la perseverancia, el perfeccionamiento, el trabajo constante”*.
Se refería, obviamente, no a cualquier trabajo, sino al trabajo político, el que se desarrolla en contacto con la gente para difundir y persuadir de una doctrina/ideología de tal manera de lograr la adhesión del mayor número de personas a través del sufragio
Del análisis de los conceptos vertidos por Perón o por muchos otros teorizadores de la política, se deduce fácilmente que no es lo mismo la conducción de una empresa, cuya estructura, organización y objetivos es producir bienes y/o servicios con una rentabilidad económica, mientras que la conducción política es la organización y el funcionamiento del Estado con el objetivo de alcanzar el bienestar general. La política es arte, ciencia, doctrina y actividad para, precisamente, gobernar el Estado en función del interés común.
Por lo tanto, esa especie de autosuficiencia con que se presentan empresarios a las lides políticas provoca cierta suspicacia ya que la experiencia y el quehacer, exitoso o no, en sus empresas no es garantía de que se desempeñen con rigor en la política y defiendan intereses populares.
El neoliberalismo y lo que se califica como sectores de derecha suelen resaltar los méritos de empresarios y gerentes al frente de sus negocios y mostrarlos como aptos para el manejo del Estado y la cosa pública, pero la experiencia histórica de los ciudadanos no acepta fácilmente esta oferta electoral y sólo ha seguido a estos candidatos cuando aparecieron teñidos de una pátina popular, encapsulados en un movimiento popular.
Sin ir más lejos, la Argentina en general y Misiones en particular tiene muy presente las épocas en que la política era motivo de desprestigio y, por lo tanto, aceptaba casi a ciegas que la conducción del Estado debía estar en manos de “jóvenes y exitosos gerentes”, que se identificaban como los “yuppies”                                
Los nefastos resultados de esas recientes experiencias tornan improbable que esa carta de presentación rinda sus frutos electorales actualmente. Los argentinos aprendieron que no es bueno confundir, y mucho menos mezclar, zapallos con melones.

*Perón, Juan Domingo, Conducción política, 1974, s/p de edición, p.11.

http://san-fernando-mi-ciudad.blogspot.com/

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