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11 abr. 2010

EL IMPACTO DE LA ASIGNACION UNIVERSAL POR HIJO

Ir a la  página principal Economía|Domingo, 11 de abril de 2010
EL IMPACTO DE LA ASIGNACION UNIVERSAL POR HIJO EN ZONAS CARENCIADAS DEL CONURBANO

“Inseguridad es no tener para comer”

¿Qué cambió en la vida de familias desocupadas, con tres hijos, que viven de “changas”? Una recorrida de Página/12 por San Fernando, donde el beneficio redujo a la mitad la indigencia.

Por David Cufré
/fotos/20100411/notas/na17fo01.jpg “Es plata segura, no de changas”, dicen madres desahogadas, que recuperaron la confianza. Saber que la segunda semana de cada mes tendrá 576 pesos en su cuenta es un desahogo para Betiana. “Es plata segura”, define, contra lo otro, que son los ingresos de su marido, remisero, que a veces están y a veces no. Ella es una de las beneficiarias de la asignación por hijo. La certeza de la fecha de cobro es lo primero que menciona cuando se le pregunta qué cambió en su vida cotidiana a partir de la incorporación al plan. Con sólo 25 años, Betiana es madre de cuatro hijos, de 6, 3 y 2 años y un bebé de 7 meses. En la recorrida de Página/12 por tres barrios de San Fernando, la misma respuesta aparecerá en distintas mujeres, quienes marcan el contraste entre lo aleatorio de los recursos familiares, que generalmente dependen de changas, y la confiabilidad del aporte estatal. La asignación por hijo es una realidad para 3.518.000 chicos de todo el país. El último mes se incorporaron al beneficio 134.000 niños y adolescentes. En San Fernando, partido de la zona norte del conurbano, el subsidio logró reducir a la mitad el número de indigentes, mientras que la pobreza cayó en más de un tercio. Allí vive Betiana, en un departamento que heredó de su padre policía en el complejo habitacional Mil Viviendas. Lo segundo que rescata del programa es que en diciembre, cuando empezó a cobrar, pudo comer un asado después de un año. “Fuimos a pasar el día a un camping de Luján”, recuerda con una sonrisa, y dice que ésas fueron sus vacaciones, después de cinco años sin ir a ningún lado. Es el mediodía del jueves y trae a su hija mayor del colegio. Junto a ella viene Daniela. También es una madre joven, de 25 años, con tres nenas bulliciosas de 7, 5 y 2 años. No hace falta buscar demasiado para recoger testimonios en el barrio. La gran mayoría son mujeres que recién van dejando atrás la adolescencia, rodeadas de chicos o embarazadas. Se sabe que la creación de la asignación por hijo impulsó a miles de niños a volver al colegio, y en San Fernando esto es palpable, pero el hecho de disponer de estos recursos también hace ilusionar a esas madres con retomar sus estudios. Daniela dice con entusiasmo que le gustaría convertirse en maestra jardinera, mientras Nadia, de 24, afirma que pensó en completar la secundaria.
En San Fernando reciben la asignación por hijo 13.786 chicos, que forman parte de 3477 grupos familiares.
De acuerdo con datos del municipio, los 2,5 millones de pesos que remite la Anses todos los meses permitieron bajar a la mitad la indigencia en el distrito, mientras que la pobreza se redujo en más de un tercio. Nelly, de 50 años, dice que es “una ayuda grande”. Su barrio es Villa Jardín y su casa queda a cinco cuadras de La Horqueta. Hasta no hace mucho era una prefabricada. Ahora tiene un living, cocina y comedor de tres metros por cuatro, donde se concentra la vida familiar. Sobre la mesa están leudando dos bollos de masa. La televisión está prendida en Canal 13. Como muchas otras mujeres del barrio, Nelly trabaja de empleada doméstica. Gana 1300 pesos por mes, ingresos que complementa con la venta de pastafrolas y prepizzas, que prepara en su casa, por los que obtiene entre 250 y 300 pesos más. La asignación por hijo significan para ella 576 pesos, ya que es madre de cuatro hijos menores de 18 años –y tiene otra de 24–. Es decir que el aporte del Estado elevó su disponibilidad de dinero en un 35 por ciento. “Hace la diferencia”, destaca. “La plata me viene muy bien para pagar las cuentas del gas y la luz”, comenta. Esa es otra de las respuestas recurrentes de las entrevistadas. “A mí el año pasado me cortaron el gas y ahora estoy pudiendo pagar un plan para ponerme al día”, relata Betiana. “Lo que yo quisiera es cobrar la asignación familiar antes de que venzan las boletas. Estoy cansada de pagar con recargo”, se suma Mariela, de 35 años. Débora lo valora, pero lo que más la emociona del último tiempo es que cuando empezó a cobrar la asignación les pudo comprar juguetes a sus hijos. Al varón, de 4 años, le regaló una pelota, y a la nena, de 3, otra pelota de colores. “No quería muñeca, quería una pelota”, justifica. Ella tiene 23 años y lo que todavía no logró es comprar ropa, ni para ella ni para sus hijos. “Usamos lo que nos dan”, explica. Su pareja “está privado de su libertad” y vive con sus abuelos en una pequeña casa. “En Virreyes –otro barrio de San Fernando– siempre pasamos por la puerta de una juguetería camino al jardín del nene. Pero nunca habíamos podido comprar nada”, relata. –¿Alguna vez habían entrado? –Sí, a mirar... (sonríe). Pero en marzo fue la primera vez que les pude comprar algo. Con mi plata, no con lo que me pueda dar mi abuelo.
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Clientelismo, mitos y realidades

› Por David Cufré

Salvo Nelly, que se manifiesta cercana al kirchnerismo, la gran mayoría de las entrevistadas no siente especial afinidad con el Gobierno pese a haber creado la asignación por hijo. Varias de ellas están anotadas en planes sociales desde hace años, tanto de la Nación como de la provincia de Buenos Aires y el Municipio. Mencionan el Jefas y Jefes de Hogar, el Familias, el Vida y pensiones contributivas por problemas de discapacidad de alguno de sus hijos. Betiana, por ejemplo, promete que seguirá votando a “Lilita Carrió” porque un abogado de su partido la inscribió en 2005 en el Plan Familias y gracias a ello tiene el auxilio del Estado. Florencia, teñida de rubio, de 27 años y con tres hijos, dice que lo que ella quiere es trabajo. Vive en Virreyes con su marido, que hace changas en construcción. Lo mismo reclama Daniela. “Yo a Cristina no la voy a votar. Que me den trabajo”, exige también Nadia. Las tres lo afirman en distintos momentos ante este diario, sin escucharse entre sí. Carina, en Villa Jardín, explica que es manzanera y se encarga del reparto de leche. Se muestra agradecida por la ayuda, sobre todo del Municipio, y también al gobierno nacional. Nelly confiesa que en un momento la Presidenta le pareció altanera. “Pero está bien. Me gusta que se plante ante los hombres”, concede. “A mí la casa me la hizo Néstor (Kirchner) hace dos años, cómo no los voy a querer”, agrega y enumera todas las mejoras de los últimos meses en Villa Jardín. Débora, a pocas casas de allí, demuestra cuánto le importa que se haya creado la asignación por hijo. Plantea que una de las mayores ventajas es que ya no tiene que asistir a las marchas que convocaba un movimiento piquetero –no quiere decir el nombre– para cobrar un plan social de 150 pesos. “Tenía que ir a las marchas con ellos, porque si no me lo sacaban. Si faltabas dos veces, te lo sacaban. Venían con el micro y tenías que ir”, denuncia. Nunca supo qué era lo que se estaba reclamando o apoyando en esas manifestaciones. “No sé”, admite, con un gesto auténtico y los hombros encogidos. Nelly, más tarde, entrega la misma versión.

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Impacto en la matrícula escolar

Juan José Miranda es el presidente del Consejo Escolar de San Fernando. El funcionario aporta datos que ratifican una tendencia que se está dando a nivel nacional: el crecimiento de la matrícula de estudiantes, impulsado por la asignación por hijo. Los beneficiarios del plan deben cumplir con el requisito de enviar a sus hijos al colegio o de lo contrario quedarán afuera del programa, además de perder el 20 por ciento del subsidio que el Gobierno viene reteniendo todos los meses hasta que demuestren que respetaron la consigna. En el nivel inicial –jardín de infantes– la matrícula este año creció a 3474 alumnos, contra algo menos de 3300 de 2009. En primaria se llegó a 9917 inscriptos, casi 20 por ciento más que en el ciclo lectivo anterior, y en secundaria, a 8506, también un alza del 20 por ciento. Hubo que crear cursos en la Escuela Técnica Nº 2, adonde entraron 54 chicos, en la Escuela Nº 40 y en la Nº 6. El municipio que comanda Gerardo Amieiro (Frente para la Victoria) se vio obligado a comprar sillas y pupitres para responder a la mayor demanda.

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