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14 nov. 2012

Historiografía Artuto Jauretche, el “pensador argentino”


Ensayista, escritor y político, Arturo Jauretche nació en Lincoln, provincia de Buenos Aires, el 13 de noviembre de 1901. Como homenaje se celebra el “Día del pensamiento nacional”. Entre sus obras se encuentran: Los profetas del Odio y la Yapa, Forja y la Década Infame, El Medio Pelo en la Sociedad Argentina y Manual de Zonceras Argentinas.
Fue inspirador y motor del movimiento denominado FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) juntamente con Raúl Scalabrini Ortiz, Gabriel del Mazo y Luis Dellepiane. Hábil polemista, su obra y su pensamiento tuvieron gran influencia en amplios sectores del nacionalismo democrático.
Posteriormente, con el surgimiento del peronismo, Jauretche adhirió a los principios del recién nacido movimiento justicialista. Desde 1946 hasta 1951 fue presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y propulsor de la nacionalización del Banco Central.
Al producirse la Revolución de 1955, volvió a la lucha política “en defensa de los diez años de gobierno popular“.
 
Expresaba que “no hay nacionalismo sin pueblo“, que “sólo los descamisados” podrán “aplastar a los vendepatrias y a los cipayos“, y que “la Independencia Económica y la Soberanía Política no se plasman sin La Justicia Social y que en el mundo de imperialismos en pugna, la Argentina debe asentarse en La Tercera Posición”.
 
EL 17 de octubre de 1945 la pluma de Jauretche redacta: “En presencia de la agitación oligárquica promovida por la fuerzas de la reacción, en connivencia con las izquierdas extranjerizantes y de la inquietud reinante entre los trabajadores ante el riesgo de una restauración de los sistemas de opresión económica y de dominación imperialista….(FORJA) expresa su decidido apoyo  a las masas trabajadoras que organizan la defensa de sus conquistas sociales”.
 
Especialista en temas políticos, sociales y económicos, desde la clandestinidad, fue el autor de libros de ensayos políticos de gran repercusión como ‘Los profetas del odio’ (1957), ‘El medio pelo en la sociedad argentina’ (1966) o ‘Manual de zonceras argentinas’ (1968) y ‘Filo, contrafilo y punta’ (1969) que sobresalen por la lucidez y la ironía y le garantizan el éxito con el público que empieza a aplicar la expresión “medio pelo” como categoría sociológica donde convergen clase media y alta. Por su parte, en nuestras zonceras, se reúnen los prejuicios, anteojeras y el aparato ideológico impuesto por los beneficiarios de la dependencia.
 
Jauretche decía que “no existe la libertad de prensa, tan sólo es una máscara de la libertad de empresa”.
Divulgador de originales ideas que guiaron al movimiento popular, Jauretche murió en Buenos Aires el 25 de mayo de 1974, cuando tenía 73 años.
Jauretche: reflexiones sobre la victoria
Para recordarlo, trascribimos un artículo aparecido en la Revista Cuestionario, donde Jauretche comenta el triunfo de Héctor Cámpora en elecciones libres, un suceso que ponía fin a una larga dictadura, inaugurada en 1966 con el golpe de Onganía.
“Hay mucha gente que se asusta de ver en la escena pública lo que ve todos los días en su casa. Casi hay que preguntarle, al que se asusta por las actitudes políticas de los jóvenes, cómo andan las cosas por casa. ¿Tiene que dar la llave de la puerta de casa o hace rato que la llave ha sido tomada? Los temas que se tocan, ¿son los temas gratos al paterfamiliae o los temas gratos a los jóvenes? El mantenimiento del hogar, ¿pesa sólo sobre las espaldas de los padres o pesa sobre toda la comunidad familiar, empezando por los más jóvenes? Y esos cambios que se sienten profundamente, en los modos de comportamiento, en la economía familiar, en las líneas de autoridad, son el producto de que el mundo camina; y camina muy rápidamente. Lo mismo que en la vida privada ocurre en la política social.”
“En mi último libro –Pantalones cortos– señalo que me ha tocado vivir una época tan vertiginosa, que he conocido desde la tracción a sangre, casi como único medio de transporte, hasta las naves estratosféricas y las visitas a la Luna.”
“No darse cuenta de que este fenómeno universal tiene su connotación lógica en la Argentina es no darse cuenta de que el enfrentamiento de las generaciones es una cosa necesaria. Porque si los jóvenes carecen de la madurez que le reclamamos, nosotros carecemos de la adecuación a la realidad que ellos nos reclaman. Somos hijos de nuestro tiempo, aunque no querramos serlo; aunque querramos ser revolucionarios. Quien no entiende esto se halla imposibilitado de entender al general Perón cuando habla del trasvasamiento generacional.”
“En un libro, creo que en Los profetas del odio, he dicho que no hay frase más errada que aquella acuñada por Mirabeau: ‘La revolución es como Saturno, que devoraba a sus hijos’. No es cierto. La revolución no devora a sus hijos: devora a sus padres. Porque los padres, por revolucionarios que sean, están conformados por un mundo de hábitos, gustos, ideas, de todo lo cual no es posible desprenderse como de un traje. Esas cosas están consustanciadas con nosotros y la presencia de generaciones que no han tenido nuestra formación hace que la revolución exceda los límites previstos por los hombres del ayer y tome características que debemos considerar baratas cuando no ocurre lo que ocurrió en la Revolución Francesa, que llegó a poner en la guillotina a los ‘hombres del ayer’ de la misma revolución.”
“En la Argentina, hubo un proceso revolucionario que transcurrió desde que, de nuevo, tuvimos – a partir de 1945 – la presencia del pueblo en el poder. Ese hecho, es cierto, no fue comprendido entonces por razones ideológicas. Es el caso del fubismo.”
“La juventud se escindió en aquella época en dos fracciones: la letrada y la iletrada. La de quienes preferían el libro y la de quienes preferían la alpargata para emplear una imagen grata al culterano adversario.”
“Recuerdo haber comentado un artículo de David Viñas. El decía que ‘la generación del 45’ se había equivocado. Y yo preguntaba: ¿desde cuándo los estudiantes son la generación del 45? También eran generación del 45 los jóvenes peones, los jóvenes empleados, los jóvenes seminaristas y los jóvenes cadetes. Y esa generación del 45 no se equivocó; estuvo en su posición. El que estuvo en la posición equivocada fue el fubismo de los universitarios.”
“La del 45 fue una revolución de jóvenes, a pesar de esa ausencia. Recuerdo que el día de la proclamación de la fórmula Perón-Quijano, frente al obelisco, en medio de la multitud me encontré con un viejo camarada de lucha: el teniente coronel Gregorio Pomar. Veía la multitud y se afligía: ‘¿Será posible que éstos triunfen?’.”
“‘No tengo ninguna duda. Estate seguro de que van a triunfar’, le dije. ‘Lo que caracteriza a esa multitud es la edad. ¿No ves que son todos jóvenes?’, le pregunté.”
“Pocos días después, era la proclamación de la fórmula Tamborín-Mosca, en una esquina homóloga: Avenida de Mayo y Nueve de Julio. Fui a ‘mosquetear’ y lo encontré a Pomar que ahora estaba en lo suyo. Estaba eufórico. Y empezó a hacer la consabida cuenta: son tantos metros cuadrados, tantas personas por metro cuadrado…para llegar a la conclusión de que había más gente que en el acto de programación de la fórmula Perón-Quijano. Le recalqué: ‘Lo que da la sensación de la fuerza de un movimiento, como te dije el otro día, ‘Goyo’, es la presencia de la juventud. ¿No ves que éste es un mitin de ‘viudos tristes’?’.”
“Esa era la sensación que daba la proclamación de la Unión Democrática. Esa gente se había parado en el tiempo. No comprendía que el país daba un salto adelante; eso lo comprendían los jóvenes. Los jóvenes, excluidos los estudiantes, que – creyendo estar mucho más adelantados – también estaban parados en el tiempo.”
“Por eso, yo deseo para mis viejos camaradas peronistas que no se pongan en viudos tristes. Espero que contemplen este avance de la juventud con la alegría propia de nuestro movimiento.”
“Este proceso, nosotros tenemos que verlo desde atrás, otearlo desde arriba, o mejor desde abajo, desde los cimientos. Seamos el basamento sólido de lo que viene, pero no pretendamos ser los arquitectos de las torres. Nuestro orgullo va a ser sostenerlas desde el ayer.”
“Nos asustamos, a veces, de los jóvenes que usan la palabra socialismo. Yo también me temo que la introducción de esa palabra traiga algunos inconvenientes. Tal vez sería más acertado decir nacional-socialismo, pero esa expresión tiene una mala imagen, y con razón. Pero toda idea política, para ser eficaz, debe ser producto de las circunstancias y condicionada a las circunstancias históricas; es decir debe ser, ante todo nacional. Es peligroso condicionarla a esquemas importados, y éste es el peligro de la expresión ‘socialismo nacional’, en cuanto es producto de importación.”
“En la época de Forja, cuando hablábamos en las esquinas, a veces se nos preguntaba: ‘¿Son ustedes fascistas?’. ‘No’, contestábamos. ‘¿Son ustedes liberales?’. ‘No’. “Entonces son comunistas’, nos decían. Había, al parecer, tres opciones forzadas y necesarias. Pero no eran opciones nuestras; venían de afuera. Y yo, entonces, le preguntaba al mismo que me hacía la encuesta. ‘¿Usted es carpintero?’. ‘No’, me contestaba. ‘¿Es usted empapelador?’. ‘No’. ‘Entonces usted es abogado’, le decía como si no hubiera una infinita gama de posibilidades, de oficios. Era para satirizar la pretensión de encasillarnos en opciones importadas sin aceptar la posibilidad de una creación original.”
“Nosotros no éramos más que una tentativa de pensar, a partir de nosotros mismos a partir de la praxis. Una alternativa de ir elaborando, sí, con la utilización de los elementos universales – filtrados a través de nuestra realidad– la propia ideología. Perón manejó ese modo de pensar y dio la creación original que buscábamos sin suerte. Por eso la palabra justicialismo, que la designa, tiene la riqueza jugosa de su virginidad, mientras que la palabra socialismo trae connotaciones librescas, que nos son ajenas y, por tanto, propicias a la confusión, la sincera y la interesada.”
“Pero no creo que eso desoriente a los jóvenes, si ellos parten de esta misma concepción justicialista. El nombre es una cosa secundaria.”
“Por lo demás, el ‘socialismo nacional’, en su verdadera acepción, tiene orígenes en nuestro país. ¿Acaso el concepto de Tercer Mundo no es el desarrollo de la ‘tercera posición’, propuesta por Perón? Cuando el mundo se dividía en dos; cuando se enfrentaban las consignas de Moscú por un lado y, por el otro, las consignas de Londres o Nueva York, la Argentina de Perón elaboró una actitud de independencia que era, en lo externo, la prosecución de una doctrina que, en lo interno, se basaba en la justicia social. Una doctrina no inspirada en otra anterior, y exterior. Una doctrina que era el resultado de un método, del pragmatismo; más que construir un modo de pensar.”
“Los jóvenes de forja queríamos evitar el narcisismo; edificar el país, más que redactar alegatos para ganar bellas polémicas. Queríamos ser prudentes con los libros. Sabíamos que muerden, aunque se diga que no. No renunciábamos a leerlo, pero los sometíamos a la revisión, a través del cristal de nuestra realidad. Sin embargo, conservábamos las anteojeras ideológicas. Perón construyó nuestra doctrina desde lo pragmático; mirando a las exigencias del país y sus posibilidades. No basado en un mundo abstracto de ideas y sistemas.”
“Los liberales, y no sólo los liberales (también los socialistas) habían querido ‘incorporar el país a la civilización’… Y nosotros pensábamos que debían haber incorporado la civilización al país.”
“Toda nuestra cultura ha sido, hasta hace poco, el resultado de la trasculturación. Aun en el vocabulario se observa ese fenómeno: es el caso de la opción entre ‘derecha’ e ‘izquierda’ que no podemos sacarnos de encima. Esa es una opción trasculturada. Nacional o antinacional: ésa es la cuestión.”
“No tengo ninguna objeción que hacer al socialismo nacional, fuera de señalar el peligro de que lo primero oscurezca lo segundo; lo de nacional. Creo que, suficientemente prevenidos nuestros jóvenes sabrán construir el socialismo nacional como una auténtica versión, del justicialismo, siempre actualizado, por su misma actitud pragmática. Y dejarán atrás a los viejos que se aferren a un proceso ya cumplido, cuya condición de permanencia histórica es, precisamente, que se lo continúe, a la luz de las exigencias actuales. No es posible quedarse a contemplar el ombligo del ayer y no ver el cordón umbilical que aparece, a medida que todos los días nace una nueva Argentina a través de los jóvenes. No podemos convertir la revolución de 1973 en una simple restauración burocrática. El trasvasamiento generacional es la solución, como lo  ha dicho quien puede orientarlo.”
“Conviene, además, que advirtamos una diferencia con lo ocurrido hace 30 años: la postura de la intelectualidad. La inteligencia de aquella época pertenecía, casi ‘in totum’, a la Argentina colonial. Sobrevivió durante el peronismo  y fue factor determinante en su caída. Pero la inteligencia ahora es otra: es nacional. Estas nuevas generaciones no tienen nada en común con los rezagos intelectuales de un pasado que, antes de ser muerto en el comicio del 11 de marzo, había sido muerto, en el pensamiento, a mano de los jóvenes. De ellos es esta revolución.”
“Ello, claro está, a condición de que la nueva inteligencia no devenga ‘intelligentzia’. Que piense desde esquemas tomados de la realidad, propios para construir un país, no para librar batallas intelectuales. Esto exige no proponerse una sociedad ideal, sino mejor. Y ajustada al querer de los más, aunque se aparte del modelo técnico, siempre ajeno.”
“Esto del querer de los más es importante porque el ‘despotismo ilustrado’ se da en todos los ángulos; es propio de quienes quieren condicionar la historia a su sistema ideológico. El peronismo, o justicialismo, o socialismo nacional, entendidos como nombre común de un modo de pensar y obrar de acuerdo con el aquí y el hoy, prevendrá a los jóvenes de aquellos peligros.”
“Y no se asusten los viejos peronistas. Si no quieren quedarse en ‘viudos tristes’ tienen que acelerar el paso para seguir a los de adelante. No se lamenten, tampoco, de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila; porque siempre es así: se gana con los nuevos, no con los antiguos. Los precursores deben sentir el orgullo de perdurar como cimientos. Si no, quedan como testigos airados de algo que quieren pero no puede ser. Se convierten en sepulcros blanqueados.”
“Esta marcha del movimiento va por sobre las tumbas.”
Fuente: Argentina en Noticias/ Elhistoriador.com


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